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[crónica hedonista de un hábito]

Eres mi hábito delectante.

El más peligroso y más sofisticado, el más fino y exquisito. Como un tapiz floral que encanta y acaricia el olfato. Eres el hábito que mas deseo como hábito, pero que detesto convertir en costumbre. Era tan inmoral y peligroso, que en otros tiempos se había prohibido. Hoy todos se han acostumbrado, a ser de él, un hábito íntimo y placentero, como ocultando la culpa que sintieron nuestros ancestros. Me acostumbraste a la simpleza, la vaciedad, de hacer todo un vacío conceptual y satisfacerme en demasía en el incompleto hedonismo que significa hacer de ti un hábito. Exquisito era el deleite de una caricia, que sin importar los complementos faltantes de mi trivialidad reinaban estallidos de alegría desmesurada, en la asquerosa felicidad de mi vicio más aquilatado, eres la deidad de mi sueño también incompleto, la fortuna medida del azar reprochado. Tú, mi hábito, mi porción de vicio, siempre incompleto, siempre placentero, porque como hábito eres frecuente en mi pensamiento. Eres el balance entre mi equilibrio y el desequilibrio. Hábito, ¿Qué haces de mí? No lo hagas con ella, ella es feliz en su desordenada y completa vida perfecta.

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