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[sepia; color tristeza]

Llevo media hora contemplando la botella de refresco vacía. Treinta minutos de divagaciones, desde que recuerdo, había fijado la mirada en un punto, entre la pared blanca con algunas manchas y mi botella de refresco ahora completamente vacía. Dejé de atender la película que intenté mirar, hasta que su mensaje religioso quiso infligirse como una felación forzada, al principio fue un coqueteo informal del lado religioso, luego fue cinismo y una sodomización descarada. Los mensajes cristianos son para mí, una masturbación entre un hombre anciano, gordo y con calcetas blancas sucias que toca a un hombre más joven hasta terminar uno encima del otro, pero el anciano pretende crear la idea que aunque parezca grotesco es una purificación interna... y así veo el cristianismo, hipócrita, cínico y lleno de falsedades.

Las divagaciones sobre una vida feliz, particularmente, siempre me hacen suspender mi realidad por un minuto, es como esas proyecciones entre los tonos sepias que se tornan en coloridas tinturas mientras la felicidad existe, y luego, cuando vuelve la miseria, todo el color que antes era diverso, vuelve a ser sepia. Y lo sepia siempre trae un retrato de tristeza aún aquello que no sea necesariamente infeliz. Porque para mí, la felicidad es un ánimo que no conozco a profundidad, sólo me ha sido obsequiado por lapsos muy breves, en circunstancias definidas de las cuales yo nunca tuve control, por lo que fueron arrogantes al pavonearse frente a mí, aún en mi latente miseria, y sólo enervo mi infelicidad buscando perfiles en tinder a todos califico positivamente forzando el saludo, pero muchas veces no puedo mantener el hilo en una plática decente.

No importa la hora siempre estoy bebiendo, alcohol, café, refresco o todo a la vez. La vida es más hermosa repentinamente, feliz, inmensa y llena de percepciones que de forma natural no logro apreciar. La gente dice que estoy enfermo, que moriré solo, que no tengo remedio... a veces no quiero tenerlo. No sé. Soy el arquetipo del escritor, pero yo no tengo talento, ni dedicación, ni disciplina, por eso me da tristeza, esa tristeza color sepia. No es informal. ¿Acaso puedo llegar aún más bajo? ¿Qué tan profundo es el abismo? Cuando llegue al fondo quizá sea muy tarde para poder narrarlo. Mientras mantengo mis vaivenes entre el color y el sepia. Y así es mi vida, generalmente sepia y difusa. Seca y descolorida. Inerte y moribunda. La vida es cruel. Cruelmente divina. Aún me estoy definiendo yo, a través de esa crueldad que denomino vida.

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