[la maravillosa mañana]

Hoy desperté queriendo admirar el cielo claro y luminoso. Con su atmósfera de agua y oxígeno. Caminar por los parques verdosos y de colores brillantes con sus flores endémicas y exóticas. Respirar el aire, saborear la vida en cada textura. Ver la luz en las cosas pequeñas y gigantes. Las melodías de felicidad de la alondra, del gorrión, del ave colorida. Quise escribir esas sensaciones en este texto, pero no pude sentir nada. 

Solo veo degradación. Llanto de los pájaros. Un otoño que arrasa la belleza de las cosas, hojas en sepia, un horizonte caliginoso, los colores perdidos en tonalidades grises, ya no hay canto, no hay amabilidad, se ha perdido el entusiasmo, ¿quién eres en este mundo infeliz? Yo soy un caballero vulgar, buscando amor en las calles, hace tiempo que desprecio mi instinto, y no tengo sexo, no poseo cuerpos ni almas, eso me hace vacío pero, no creo que me expectativas cambien demasiado, porque la gente pide mucho de mí, y yo, sinceramente, ofrezco siempre muy poco. Envejezco. Y por la noche muero un poco. ¡La vida es un desperdicio! Las cosas que admiraba también han perdido su esencia, se han extinguido, como yo me fugaré a la muerte. Algún día. Toda tragedia será hermosa. Mi propia tragedia será dichosa. Y en las últimas líneas de mis memorias preservaré el drama cotidiano de contemplar cada maravillosa mañana, siendo yo, una completa  mierda

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