[el hombre de Adapa]

 El cuento de Adapa fue encontrado en los archivos de los reyes egipcios en Tell-el-Amarna, así como en la biblioteca del rey asirio Asshurbanipal. Aparentemente, era conocido universalmente en días antiguos. El tema principal, como el del Poema de Gilgamesh, es el hombre que lucha por una oportunidad para ganar la inmortalidad.



Y supongo que el apoyo debe ser uno de los alicientes más poderosos para impulsar el talento artístico.

Pero el talento no es importante en este mundo desvirtuado.

Y esto lo digo con un poco más de rabia, que de tristeza, desde hace tiempo que he perdido el aliento, ya no queda nadie que me apoye, ni siquiera tengo fe, tenía todas las expectativas impuestas en mí. Pero poco a poco todas esas expectativas han cedido al miedo, al constante fracaso, a la desesperanza, a la inseguridad de creer que realmente no soy bueno para escribir. De convencerme al decirme: "Estoy perdiendo la fe en ti".(1)





¿Cuál sentimiento despertará el ánimo que motiva? Yo nunca lo sabré, porque nunca he sido apoyado por nadie, recibo algunos elogios, algunos aplausos aislados, algunas muestras de afecto por lo que escribo y cierta empatía. Cuando tenía 17 años me imaginaba que a mi edad habría ganado todo premio existente en las letras y una joven promesa para el nobel de literatura, ahora creo que debo empezar a componer poesía en mi guitarra para poder ganar algo, pero muy lejos de aquellos elogios y simpatías sinceras, tampoco existe un apoyo legítimo, soy como ese vagabundo que cojea de un pie pero canta hermoso y es ovacionado de pie. 



Tal vez pronto muera esa última expectativa, de ser ovacionado de pie por una multitud, quizá pueda lograrlo de manera póstuma. Esa incertidumbre es la que mantiene mi espíritu animado, la posibilidad que exista.

Dos cosas aún me mantienen vivo. Mi novela inacabada, tengo la esperanza de terminarla, pero el día que logre concluirla, no tendré ninguna razón más para vivir. Posiblemente emerja dentro de mí, una nueva idea para comenzar a escribir, o definitivamente mi pasión habrá muerto al acabar mi novela. Tal vez que nunca termine mi novela sea lo mejor que me pueda pasar y el mismo tiempo lo peor que pueda pasarme. Y aquí mismo puedo incluir esa posibilidad de ser ovacionado o premiado.

Otra forma de mantenerme vivo. Quizá sea la única motivación actual. Aunque no sea cuestión de creencia, de razón, más bien es una motivación de corazón. Porque he llegado al extremo de creer en un aspecto menos científico y más humano, ella me hace más humano. Ella es mi existencia. ¿Porqué no muero de una vez? No tengo apoyo de nadie, nadie cree en mí, nadie pretende publicarme, nadie desea leerme, he tocado puertas sin éxito, he optado por concursos sin éxito, como buen nihilista que soy, sólo soy nada, una nada muy efusiva. Todo ha sido en vano hasta ahora y ¿qué sentido tiene la existencia si no puedo perpetuarme al menos en el tiempo? Aunque la existencia sea vacía y sin sentido, quiero intentar llenar ese vacío con mi escritura prodigiosa. 

Así es la nada.



[1] Por Esperanza me refiero a la esperanza en el sentido filosófico, y no en el aspecto religioso, como concepto de creencia de acuerdo a lo que expone Karl Jasper. Entiéndase como: Pensar el tema de la fe y su relación con la filosofía, surge no tanto de la atención su concepción religiosa, que en algún momento parece haber reclamado para sí el concepto, como de la que opone, excluyentemente, creer a pensar: se piensa o se cree, en la medida que hay creencia no hay pensar. No hay puntos medios ni mezclas posibles. Esta diferencia parece tomar testimonio desde el inicio de la filosofía occidental, ya desde Platón (por ejemplo en el sentido que ocupa en la República el concepto πίστις), hasta la época contemporánea. Sobretodo, claro, y refiriéndose a esa misma tradición ascético cristiana, Nietzsche. Pero incluso en el sentido común, cuando considera al ‘creer’, por un lado como el planteamiento de una mera opinión insegura, y por otro como el sostener un dogma fanáticamente, irreflexivamente, cuyos postulados se presentan como intocables (caso que por cierto no incumbe en ningún caso sólo a la religión). En este último sentido, podríamos entender a Heidegger cuando señala que ‘filosofía cristiana’ es un ‘hierro de madera’: en general un inexistente, un imposible, un franco malentendido. El concepto de fe filosófica,Una interpretación desde Karl Jaspers.


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