[crónica hedonista de un hábito]

Eres mi hábito delectante.

El más peligroso y más sofisticado, el más fino y exquisito. Como un tapiz floral que encanta y acaricia el olfato. Eres el hábito que mas deseo como hábito, pero que detesto convetir en costumbre. Era tan inmoral y peligroso, que en otros tiempos se había prohibido. Hoy todos se han acostumbrado, a ser de él, un hábito íntimo y placentero, como ocultando la culpa que sintieron nuestros ancestros. Me acostumbraste a la simpleza, la vaciedad, de hacer todo un vacío conceptual y satisfacerme en demasía en el incompleto hedonismo que significa hacer de ti un hábito. Exquisito era el deleite de una caricia, que sin importar los complementos faltantes de mi trivialidad reinaban estallidos de alegría desmesurada, en la asquerosa felicidad de mi vicio más aquilatado, eres la deidad de mi sueño también incompleto, la fortuna medida del azar reprochado. Tú, mi hábito, mi porción de vicio, siempre incompleto, siempre placentero, porque como hábito eres frecuente en mi pensamiento. Eres el balance entre mi equilibrio y el desequilibrio. Hábito, ¿Qué haces de mí? No lo hagas con ella, ella es feliz en su desordenada y completa vida perfecta.

[muerte por fuego]

Que no me dejen vivir inmoderadamente.

Y es que no temo a la muerte.

Reprocho más la vejez, la enfermedad, la tristeza superna. Pero no tengo miedo a la muerte, la muerte será mi bálsamo. No me dejen vivir enfermo o ante la vejez inútil. Admiro a aquellos suicidas que han logrado su objetivo, valientemente. David Foster Wallace, Hemingway, Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik, John O'Brien... No tengo ninguna tragedia personal en este momento, pero estoy consciente que llegará próximamente, así como ha llegado el infortunio, como ha llegado la tristeza o como llega la locura, aunque aprecio la locura considerablemente, será un obstáculo a mi razonamiento a mi lógica, quemaré mi pluma entonces, derramaré toda la tinta y en la hoguera que todo se quema, ahí mismo callaré mi muerte por fuego.

Porque no quiero estar viejo. No quiero estar enfermo. No quiero ser miserable.

Algún día yo dejaré de escribir, porque ya no tendré mi habilidad, me cansaré, estaré podrido por dentro, estaré muerto por fuera y entonces, solamente entonces cuando ese ocaso me aceche, suplicaré mi muerte, con la certeza de mi último resquicio de lucidez, de que es mi voluntad morir, cuando ya no sirva para nada. Ya estaré rendido.
Gracias vida por lo que me diste, aquí te dejo mis letras.
No tengo nada más.

-¿Tienes algo de fuego, vida?
-No fumo- Me contesta la vida.
-Yo tampoco fumo- replico, -Es para mi muerte, quiero morir por fuego.

-Va a ser muy doloroso- Dice la vida.
-No quiero disfrutarlo- Dije.

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