[diario de un escritor en estado de ebriedad V]

Afuera de mi hotel, llueve y el frío acaricia las barandillas de la ventana de hierro enmohecido por el viento y la brisa.

Estoy cubierto por las sábanas de lino barato, de color blanquísimo, aroma a detergente, adentro sólo el perfume de la habitación me acompaña. Escucho los ruidos del exterior, entre gotas de lluvia, viento que chifla y palabras que no recuerdo con facilidad. Todo está oscuro y las sensaciones se intensifican, las luces del exterior son los únicos compañeros de mis desvelos, todo artificial en mi vida. Lumbres artificiales. Nada ha cambiado desde el año 2010. ¿Porqué creí que todo sería distinto? Soy un narcisista, alcohólico, bastardo, inmoral y desdichado.


Transcribo mis cuitas con metáforas elegantes. 
A veces no he sabido llorar. Aprendo a reír, porque me dicen que eso es más humano, y aunque no quiero ningún aspecto que me defina, debo hacerlo para satisfacer curiosidades. 



Permanece mi soledad. Muchas mujeres han pasado por mi vida, pero todas huyen de mí, les provoco rechazo, repulsión, insignificancia, realmente soy nada, un diminuto átomo de mierda en esta puta ciudad. Entre la pudrición de la ciudad, la enfermedad, la epidemia, la basura, el caos... y la fe en la existencia de los buenos amores, donde sólo hay malos amores y malos humores.

La ciudad está en ruinas. Pero mi perdición, siempre es mi ruina favorita. 
También soy un desastre. Y el caos de mi ciudad me parece fantástico para morir.

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© Prince W. Cantodea

...y por si no te vuelvo a ver:
Buenos días, buenas tardes y buenas noches.
(Truman Show)

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