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[El odio de mi vida]

Odio la vida vacía e inasible.
También odio la vida compleja y sofisticada, que me hipnotiza pero me rechaza.
Odio esa tristeza que a veces me inunda.

También odio el vacío, la crisis existencial y odio sobre todo, la funesta alegría que luce su esplendor en mi estúpido rostro pueril.
Odio que a veces ya no quiera escribir.
Odio que a veces tengo mucho que decir y no puedo escribirlo.
Odio que nadie quiera escucharme, a veces detesto profundamente no tener amigos.
Pero me hace feliz no tener que preocuparme por alguien. (también odio ser feliz a veces)
Odio la solidaridad, el arrepentimiento, el perdón.
Odio el resentimiento y la venganza, odio la bondad estúpida de odiosos hipócritas.
También detesto la maldad ficticia, la malevolencia, la malicia sin sentido.
Odio que la vida sea tan hermosa que deba odiarla tanto.
Odio esta confusión emocional en un proceso que debía no sentir absolutamente nada.
Odio la saciedad de la sociedad.
Pero también detesto mi soledad.
Odio preguntarme ¿Porqué no sirvo para lo que hago?
Odio nunca cuestionarme ¿Porqué no puedo mejorar todo lo que hago medianamente bien?
Odio el positivismo y el negativo.
Odio al que se cree brillante y debate pensando que va ganando.
Odio al ignorante que no quiere ser brillante.
Odio muchas cosas.
A veces odio tanto ser tan odioso.
Odio los amores desechables, pero odio más el compromiso social.
Odio esta vida miserable llena de insatisfacción.
Odio creer que valgo tanto por todo, y odio que nadie valore mi talento.
Siempre he odiado lo que el mundo ha diseñado para ser amado.
Finalmente, odio el romance, la emoción, el sentimentalismo, odio el cortejo, el instinto animal, odio el miedo, la inocencia, la ingenuidad, odio la vagancia, la incertidumbre, la paciencia, odio las aves, odio un poco mi aislamiento, pero odiaría más mi constante acompañamiento. 
Odio tantas cosas severas.
Odio la vida y la muerte.
¿Qué me ha hecho la vida para odiarla tanto?
Que odio el entusiasmo por vivirla, odio la vida como aborrezco la feminidad, y aborrezco la misandría, odio la amargura y la exaltación.
Odio mi egoísmo perfecto.
Odio la debilidad.
Odio la belleza miserablemente. 
Odio eyacular sobre el albor del vientre de papel.
Odio a la venus de Milo, odio a la Gioconda, a la primera musa. 
Odio sentirme tan solo y tan triste.
Pero odio más la alegre compañía.
Odio los amores y los humores.
Odio más a aquella puta que vendió mi amor.
Odio a los desesperados, a los impacientes. 
Odio que nada puedo sentir. A veces odio que tenga todos los sentimientos, y me repugna mi propia hipocresía. 
Odio que la terapia sea un inútil instrumento de la modernidad.
Odio al suicida y me río de su tendencia a la muerte. 
A mi me da asco la vida, pero reprocho tanto a la muerte que desprecio el suicidio aunque esté hastiado de esta vida. MI vida que tanto odio.

¡Ay! El odio de mi vida.



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