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[mi caballo de Troya]

Y te recuerdo, como un velo cobrizo alrededor de tu cabello, un tapiz de flora cubriendo tu frente en forma de abrazo, con tus ojos diminutos y espectaculares abriéndose al compás de un rutinario ademán, tus manos frágiles y dulces, que recuerdo al rozarme con ellas, tendido a tu piel de albor puro, tus muslos vestidos con un pantalón negro o rojo que se perdían entre tus botines y lucías genial con ese atuendo que amaba tanto en ti.

Ese espiral de lamentos que me emocionaba de ti, y un talante característico de tus intentos de suicidio que también admiraba, cuando comparábamos cicatrices de nuestros brazos, sin duda, eso fue fascinándome más, que me acercaba a ti, como un amor destructivo/constructivo, tu locura irremediable, cuando te aburrías de mí, y jugueteabas con clonazepam, nuestro alimento favorito, hasta recostarnos en la cama de mi habitación, componer poesía en nuestros labios y finalmente dormir por el efecto de nuestra droga inmoral.

Recuerdo todo como un cuadro atemporal, tú y yo, bebiendo vodka y refresco, besándonos en el parque que amabas, recuerdo como tu presencia me enamoraba, me entregabas felicidad inacabable, tu anatomía me fascinaba, a sorbos me penetraba tu aliento sofisticado, olor a vino y clonazepam, cumbre de mi fascinación incorrupta. Y esos espectaculares sueños vívidos que habitaban en mi conciencia dulce e ingenua, nombrándote parte esencial de mi incompleta vida, tú, mi destino más amado.

Como fue ese preciso momento que tus ojos me contemplaron por primera vez y la primera intención que mi boca se impregnara de tu boca, porque entonces, había perdido todo lo racional que habitaba en mí, tú me convertiste en un cúmulo de emociones cuyo origen y destino desembocaban en ti. Tanto que mostré complejos y dependencias hacia ti, como empezaba a mostrarlas por la droga que me dabas y no en el sentido metafórico.

Te recuerdo cuando hacíamos el amor en mi habitación, esos murmullos de tu amor y mi amor a la una de la mañana, y sobre todo te recuerdo cuando me pediste que me quedara contigo y que volviera por ti algún día.

Recuerdo que así como lograste hacerme inmensamente feliz, también me hiciste inmensamente infeliz... cuando desapareciste de repente cansada de mi insatisfacción, decidiste estrechar otros brazos más insatisfechos que los tuyos dejándome herido durante varios años de mi vida. Tu amor fue tan difícil de explicar, que no me gusta recordarlo, porque solo veo en él una profunda humillación. Recuerdo que regresas por periodos y nunca explicas porque estás aquí y luego ya no, como siempre sueles hacerlo. Recuerdo que siempre te destierro de mi memoria y es entonces cuando vuelves, la última vez fue el domingo pasado, pero decidí desterrarte definitivamente porque no me haces ningún bien, es que nunca has entendido lo que sentía por ti y como me destruyes cuando hablas de tu compromiso futuro.

Recuerdo que sólo tú, pudiste bajar mi defensa.
Y por eso te odio, te odio profundamente.
Porque eso me hizo inseguro de volver a sentir. Y me aferro a esta felicidad al no saber de ti, al no querer nada de ti, al no sentir nada por ti, simplemente, me ahogué en mi propio vómito. Habías sido mi mal necesario, pero recuerdo por encima de todas esas memorias, que ningún mal es necesario. Pero así es mi suerte, ni siquiera eso puede matarme.

Tú J.B.B.

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