[la promiscua]

by - sábado, octubre 28, 2017

Llegué a tu ausencia de cariño. Cercano al afecto. Lejano de lo emotivo.

Y es que la promiscua. Me busca como amante del peligro y mi locura. Pero yo no la quiero, rechazo su cuerpo etéreo. Aunque a veces satisfecha mi curiosidad por la promiscua vuelvo a mi vaguedad y sigo ausente de todo sentimiento por la promiscua y aquella mujer que procuraba todo en mí. Provocando el mismo sentimiento por ambas; la ausencia de todo lo que era para ellas. Eso que eran ellas, amor puro. ¿Pero como amar si me odio a mi mismo? 


Solo persiste la promiscua contra el asco de amar y ser amado.  

¿Quien amaría un enfermo como yo?

Es que eso del amor me parece absurdo en estos tiempo. Y si hay quien ama, y quien disfruta esa hermosa rebelión. Pero yo no. Yo disfruto la promiscua vida, la que de amor no muere, aquella promiscua de distintas mujeres, para no llorarle a nadie, ni esperar a nadie, la promiscua que me mata con sus amores multiplicados, la de los enfermos de su sexo, la que me tiene arrodillado a la afrenta de sus errores, la de la crueldad distraída dedicando algunos besos, la promiscua esa niña que todo entrega y nada espera. Me satisface la promiscua, pero ya nada quiero de ella, porque su rebelión me destruye entre su goce, la promiscua que me da albores con mujeres diferentes, y sin embargo yo me siento insatisfecho. Aquella promiscua de locura infantil y vientre de vanidad juvenil. Esa promiscua tan hiriente, tan brutal y hermosa.

La promiscua es mi vida. Tanto placer me ha dado. Que el placer aburre mis sentidos.


Tanto me ha dañado que ahora soy indiferente a todo. Me siento igual ante cualquier estímulo de la vida, la promiscua lo sabe, sabe muy bien, que ahora soy inmune incluso a su crueldad y su bondad. Ya no me importa si había planeado herirme o sanarme. No me importa. No me importa la promiscua, no importa.

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