© Prince W. Cantodea. Una Dolce Malinconia 2006-2014. Con tecnología de Blogger.

[diario de un escritor en estado de ebriedad VI]

by - domingo, enero 21, 2018

Y este nuevo amanecer, me parece conocido, lo he visto en otro horizonte, quizá en alguna otra mañana. Es que no he dormido aún, a pesar que el sol despunta. He escuchado el canoro idioma de las aves. Nada distorsiona mi visión. Reconozco esos colores, la flora, la brisa suave y la tempestad de luces que se agrupan en las calles húmedas cuando llueve, como cobardes ante la penumbra y hay quienes también esperan su guía.

¡Que bello amanecer! Lejos de la podrida ciudad.
La vida es maravillosa e inmensa. Y siempre se exhibe ante ti, como una seductora mujer que quiere violarte de maneras indescriptibles, ahí está siempre, desnuda, de piel suave, bronceada y exquisita, ante el adorno de deshechos y peste, entonces te das cuenta, que el podrido entorno, es lo que la hace bella, no sabes si en realidad posea tanta belleza. No sabes siquiera lo que significa la belleza, porque pasas tu vida entre complejos arquetipos que solo te hacen miserable, cuando querías motivarte de esa perfección inalcanzable.

Y entonces cierro los ojos y sueño. Sueño en una vida hermosa y perfecta, esa vida que mi realidad me ha negado y que yo mismo desdeño por ser tan convencional y abrumadora, no significa que deteste lo ordinario, detesto más lo complejo y absurdo, eso que tampoco poseo. Me doy cuenta que nada soy.

Pero amo mi desastre interior. Amo el deterioro de la gente y la ciudad. Amo lo bello que es vivir. Amo perdurar en la decadencia social. Me encanta y me parece bastante inofensivo.


Ahora recuerdo porque este amanecer era tan conocido, es porque, cuando algo demasiado hermoso llega a mi vida, siempre viene a matarme lentamente con el engaño de su apariencia, creo que otra vez voy a ser herido, a través de una mirada, de una sonrisa, de un amanecer, no lo sé, lo que yo creo que es hermoso en realidad, solo me daña.

Que me mate. Yo tengo miedo.
Sé que no lo hará, no en mi estado de ebriedad. Cuando despierte del sueño o en mi estado de aburrida somnolencia, después del letargo fingiendo valorar la vida, para que cobarde me permita unos minutos más de desgraciada, pareciendo horas de demasiada felicidad.

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...y por si no te vuelvo a ver:
Buenos días, buenas tardes y buenas noches.
(Truman Show)