[carta a una mujer de bar]

by - lunes, mayo 21, 2018


Has estado conmigo, especialmente en mis peores épocas, cuando estaba derruido, caótico en mis emociones, desastrozo en todo mi semblante, acabado y desfondado. ¿Eres acaso una mujer devota de mi sufrimiento o simplemente estás convencida de calmar mi dolor?

A veces ni siquiera entiendo mi dolor. Tú has estado a mi lado, con tu cuerpo frío y curvo. Rodeando mi miseria, cuando me he ahogado en ella y me has hecho desahogarme por tu cuerpo sensible a mi abandono. ¿Eres una mujer fatal? Me he encontrado contigo, al entrar al supermercado a mi costado, tu cuerpo frío y penetrante fragancia me hipnotizaron al instante, te veías tan hermosa y elegante en ese vestuario, tan similar a otras, pero algo en mí captó mi atención: esa irreverencia tuya en mis labios tímidos, ese salvaje ánimo que se impregnaba en mi boca y tu cuerpo fascinante despertando mi sexualidad.

Eres la anatomía más deseada. Mi placer delirante. ¿Qué otra mujer con tu bella figura me había conducido a la locura y la soberbia? ¿Qué otro cuerpo había deseado más?

Ni siquiera por aquella mujer, Princesa de Uxmal, cuya anatomía era el sendero hacia el hedonismo, satisfecho por poseerla, pero en tu caso, aún vivo insatisfecho a pesar de poseerte notablemente en cada proporción. Por cada conducto de tu cuerpo en la pequeña insignia de tu juventud. Ni siquiera estoy convencido, que por aficionarme a ti, esta obsesión deba regir mi gula.

¡Ay mujer! De cuello pequeño, anatomía fría, penetrante fragancia y boca suave, elegida entre las otras mujeres, porque contigo he elegido este daño constante y persistente, que he sido criticado por violentarme con esta debilidad hacia tu encantadora estructura. ¿Quién dice que me has cambiado, que me has dañado o que me has maldecido?

Yo no sé. Ni siquiera estoy seguro que alguna vez vaya a dejarte. Si acaso me inspiras una profunda necesidad de tu cariño, tu cariño es tan extraño, pero me siento querido y comprendido, hasta que te dejo acabada, tumbada sobre el piso, muerta y expirante, después de tu atractivo; botella llena de alcohol, regresas al lugar donde se compone mi miseria y soledad, siendo una botella vacía, igual que mi interior: vacío, completamente vacío, ¡Ay botella de mi vida!.

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