© Prince W. Cantodea. Una Dolce Malinconia 2006-2014. Con tecnología de Blogger.

[los hombres de traje gris]

by - domingo, junio 10, 2018

09:00 horas.
Me levanto de la cama y pongo a calentar café, un líquido oscuro y tibio que recorre mi garganta, degusto un baggle con queso y desayuno, para apresurarme a la calle donde tomaría un transporte rumbo a mi destino una gran oficina en el centro de Manhattan. Camino por las aceras rodeado de cuerpos anatómicos idénticos, sumidos en la misma identidad, de ser seres vacíos y sin personalidad, grises, para mí, todos ellos son "El hombre del traje Gris" que hace alusión el escritor Sloan Wilson en su novela del mismo nombre. A pesar de haber sido escrita en los años cincuenta, aún tiene vigencia.

Incluso me recuerda mucho aquellos párrafos de "Un Mundo Feliz" donde todos son acondicionados y genéticamente modelados.

Me apresuro a tomar la terminal del metro y me encuentro seres indénticos con la mirada perdida. Porciones de duplicados en la misma dirección y en sentido opuesto, trajes de sastre y corbata italiana con la apariencia de ser mejores, algunos inadaptados que se salen del molde, aparentemente, pero se autoimponen una diferenciación del resto de los hombres del traje gris, y sin embargo parecen copiarse entre sí, eso mismo intento de ser sobresalientes en un aspecto extravagante, por lo que ya tampoco me sorprende, verlos intentarse despegar de la sociedad de trajes grises sin saber que tarde o temprano, van a terminar absorbidos por esos hombre de traje gris o en el menor de los casos, vistiendo a esos hombres de traje gris. De cualquier forma no sería nada improbable. A pesar que han negado su naturaleza.


11:00 horas.
Estoy en la oficina, miro desde la ventana del piso 34 de este edificio en pleno centro de Manhattan, admiro la grandeza de mi ciudad, pero, desde aquí también los edificios se ven muy similares, fueron construidos en la post guerra por los hombres del traje gris y por eso son edificios grises, sin vida, muertos en una estancada ciudad que se debilita, agoniza, ¿Cuándo morirá? morimos más pronto nosotros, quizá, ya estamos muertos en vida.


13:00 horas.
Estoy bebiendo desde la cafetería enfrente de mi edificio. Una mancha color gris sale y entra de los edificios que miro desde aquí, todos como replicas exactas del primero. Quizá a esto se refería la Biblia cuando afirmaba que el hombre fue hecho a imagen y semejanza de Dios. Como replicas en abundancia e imperfectas de su creador. Siempre me ha parecido una estupidez. Pero la gente ama las estupideces. Se termina mi café y comienzo a verlo todo en tonos grises, como fotografía antigua sin color. Estoy obsesionándome con los tonos grises ¿qué colores distingo?


17:00 horas.
Camino rumbo a una galería. El cielo empieza a ponerse color dorado, por el sol ocultándose detrás de los edificios, pero yo sigo viendo todo gris, la gente sigue frecuentando los mismos lugares, los mismos bares, siguen la moda, esa misma moda que estaba en los ochenta, en los noventa, en el dos mil y se creen únicos, solo cambian el estilo del traje, pero sigue siendo color gris. A veces me da asco todo. Siento esa escena de Antoine Roquetin en "La Náusea".

"Las cosas son en su totalidad lo que parecen y detrás de ellas... no hay nada".

Detrás de esas imágenes imperfectas, no hay nada. Aunque radica el miedo y el rechazo un sinfín de sentimientos que se esconden en la fachada del hombre. Y el hombre se esconde de ellos, mezclándose en la multitud insana.


20:00 horas.
Estoy muy sediento. Pero todo me da asco. Me da asco esta realidad, sumergirme en un mar de individuos idénticos ¿Yo que soy entre ellos? ¿Qué hago oculto en mi fachada de desprecio si quizá ellos en el fondo me desprecien también? Aunque no me importaba. No me escondo detrás del desdén que siento. Critico sus trajes grises, su vida gris y monótona, mientras yo escribo sobre ellos en mi vulgar cuaderno amarillo, lo único sobresaliente entre tantos tonos grises. Quizá yo también soy una vulgar copia gris. Estoy muy sediento. Pero no me importa la sed, hace mucho dejó de importarme todo. Incluso estoy desinteresado por la monotonía de esta vida. Por la rutina de mi éxito profesional. Quizá regrese a mi cama e intente dormir un poco. La ciudad está muriendo allá afuera. Y yo en el piso 48 de la calle 57 en Manhattan aún vivo.


12:00 horas.
No puedo dormir. La televisión inunda todo el cuarto, todo es gris y anticuado, negros y tonos grises me acompañan en mi sombría residencia, sin alguna compañía de mujer, todas las que han estado aquí, se han ido y no han vuelto a saber de mí. Doy un sorbo al vaso de whisky. Y pienso, como en recuerdos se agrupan imágenes difusas y grisáceas, cuando creí haber alcanzado la felicidad y sin embargo en mi vida nada había cambiado o se transformaba, era incapaz de sentir alguna emoción, tampoco me preocupaba por eso, eso me mantuvo alejado de las bellezas del mundo y me hundió hacia este mundo abismal y tétrico.

Tengo que dormir. Para volver a hacer lo mismo al día siguiente, las mismas quejas y esos mismos trajes grises confrontándose conmigo y poca capacidad para querer existir.


2:00 horas
"No tenía ganas de existir, pero no podía evitarlo. Eso es todo".



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